Nuestra historia

De masías históricas hay muy pocas,
y como ésta, no hay más.

La Rotllada fue un reconocido hostal datado del siglo XIV para encontrarse en medio del antiguo camino ral de Vic a Olot, dos comarcas comercialmente importantes, donde transitaban miles de arrieros con mercancías. Para el arriero, el hostal La Rotllada era el que llamaríamos ahora un área de servicio: podía descansar y comer, dar de comer a los animales y si era necesario reparar o cambiar las herraduras del ganado.

En la masía, las mujeres se encargaban de la actividad del hostal y la fonda, mientras que los hombres trabajaban en el campo: la ganadería y la agricultura. También se dedicaban a la carga de choques y a la fabricación y venta de carbón. Durante siglos, esta fue la realidad de la masía en la que vivió su etapa de máximo esplendor.

A mediados del año 1800, nuestra familia entró como nuevos masoveros, y más tarde se van hacer propietarios, continuando hasta el día de hoy sus generaciones.

En el siglo XX, las nuevas tecnologías industrializan el sector agrario y ganadero, y con la aparición de los primeros coches de línea, los veraneantes adinerados comienzan a llenar segundas residencias en Cantonigròs. Uno de los principales motivos de este creciente turismo rural era por hacer salud, ya que la gente que padecía enfermedades pulmonares venía al Collsacabra a respirar aires limpios. Así, el hostal de la Rotllada ya no sólo alojaba a arrieros, sino también a veraneantes procedentes principalmente de Barcelona, conviviendo simultáneamente en la masía dos realidades muy diferentes:

1- La necesidad del hostal para el trabajo (arrieros del camino ral)
2- La necesidad del hostal para el descanso y el disfrute (veraneantes)

Durante los años de la Guerra Civil se pasa una mala época. La gente no sale de casa y sólo generan movimiento silencioso quienes quieren refugiarse. Mucha gente que huye del territorio y que durante el viaje pasa por la Rotllada, se ve obligada a dejar objetos personales para descargar peso.

Si hasta ahora la automovilización de los vehículos sólo podían permitirse los veraneantes, con el paso de los años se extendió y los arrieros comenzaban a sustituir las mulas y los bueyes por el motor. Este hecho progresivo hizo que el reconocido camino ral quedara sin movimiento de comerciantes. Las carreteras para automóviles le habían llevado al olvido, ya no era útil. Además, la construcción de la masía era muy antigua y se necesitaban importantes rehabilitaciones. Sin embargo, en el 1968 el hostal se vio obligado a cerrar las puertas, pasándose a la ganadería.

Con la llegada del nuevo siglo XXI, se busca el interés turístico y la ruptura de la rutina laboral. El atractivo del Collsacabra comienza a hacer eco.

En 2007, Maria y Josep heredan la finca y se les plantea la duda de qué hacer con la masía que los había visto crecer:

“La única salida que vimos, si no queríamos venderla, era el turismo rural, y nos lanzamos a la aventura simplemente con la huella de lo que te manda el corazón y con la ilusión de volver a ver esta casa con vida. Porque a mí, sólo de oír la palabra vender, ya se negaban los ojos”. – Cuenta la Maria.

Y así fue como, después de un tiempo de reposo y 5 años de reformas integrales, a esta masía le llegó por fin la hora del cambio. En 2010 Ca la Rotllada volvió a abrir sus puertas gracias al atractivo turístico del Collsacabra. Y es que miles de personas se sienten atraídas por la belleza natural de estas montañas, tierra de campesinos. Ahora, el antiguo camino ral genera interés turístico e histórico. Y es que un buen lugar es un buen lugar.

A día de hoy, la historia se mantiene muy presente en la arquitectura de la masía, y nos recuerda de dónde venimos y quiénes somos. La masía representa una manera de hacer frente a la vida, una forma de ser y entender el mundo, donde los valores del campo se han transportado a la vida cotidiana y han pasado de generación en generación.